sábado, 4 de junio de 2011

"Ese es tu error, cabrón".

No sé si les ha pasado a ustedes, pero en ocasiones lo invitan a uno a formar parte de una fiesta. Sí, a pesar de lo extraño que pueda parecer, resulta que siempre hay algún tipo dispuesto a abrir las puertas de su casa a la aventura que una fiesta implica, porque, seamos francos, las fiestas son como el table-dance: están llenas de variedad. Las hay de cumpleaños, disfraces, despedidas de soltería, aniversarios, bautizos, divorcios, graduaciones, sepelios y cuanta cosa a uno se le ocurra.

En algunas fiestas, apenas la puerta se abre, uno se encuentra con amigos que hace mucho tiempo no veía, donde todo son abrazos, chistes y frases como “sí, hay que vernos… nos hablamos, eh… seguimos en contacto”. A veces uno llega y se topa con tres tipos deprimidos alrededor de una botella a medio vaciar, como si de una consulta a la ouija se tratara. En algunas otras, la casa vomita gente mientras un montón de desconocidos ponen sus vasitos rojos entre las fotos de la mamá del organizador y luego andan bebiendo de cada uno para comprobar que ninguno es el suyo y decir: "Ah chingá. Pues, según yo, era ese". Hay veces en las que la casa es invadida por una jauría etílica largamente entrenada para hacer del espacio, que el sujeto llama hogar, un enorme basurero experimental, donde las macetas se convierten en ceniceros, las escaleras en tribunas, la cocina en narcotiendita, el comedor en club social, la sala en fajódromo y las habitaciones en Sodoma y Gomorra.

En fin, con tal acervo cultural, decidí dos cosas. La primera, asistir a la fiesta en turno; la segunda, cambiarle el nombre a todos los asistentes en este escrito. 

Cuando llegué, un montón de desconocidos se encontraban ya vaciando botellas. Saludé a Toño, el anfitrión, quien estaba más ocupado que Kalimba en un juzgado. Pronto llegaron Luis, Oscar y Mateo, amigos de Toño y míos.

Las horas y las botellas desfilaron con la rapidez de una pasarela. En la fiesta, Luis, tuvo el detallazo de fijarse en una chava y hacerle incómoda su estancia, intentando ligarla con la poca habilidad que su borrachez le permitía. Oscar, se la pasaba hablando de todas y cada una de sus conquistas de barrio. Mateo miraba al cielo, o al techo, nunca supe.

De pronto, sin enterarme cómo, estábamos los cinco amigos en un círculo en el que los sobrios cooperábamos con el equilibrio de los ebrios. En ese momento, pasadas las no sé qué horas de la madrugada, presencié tres monólogos cruzados. Sí, Luis, Oscar y Toño hablaban con la necedad que sólo el alcohol sabe brindar. La "plática" fue más o menos así:

- Güeyes, - atinaba a decir Luis - qué chingón estar acá con ustedes; no mamen, de verdad, qué chingón. Es un honor que sean mis amigos. ¡Un honor!
-Es que, pinches viejas, güeeeeey, todas son iguales. ¿O no? ¿O no? - contestó Oscar.
- Cabrones, - dijo Toño - ésta es su casa. Y el día que quieran venir, - repartiendo golpes con el índice a cada uno - tú, tú, y tú, y tú, esta es su casa. Son bienvenidos, siempre, porque esta, es su casa.
- Güeyes, - interrumpía Luis - se me llena la boca de orgullo de poder decir que ustedes son mis amigos. Porque, ustedes cabrones, escúchenme bien, ustedes cabrones, ¡son mis amigos!
- Sí, güey, - decía Oscar sonriendo - porque las pinches viejas, -reflexionando profundamente - no mames, güey. Son unas ojetes. ¿O no? ¿O no?
- Y el día que quieran vienen y nos echamos un vino, porque esta es su casa. - insistía Toño - Es tu casa, güey, y la tuya y la tuya y cuando quieran, esta es su casa.
- Oye, - interrumpió Mateo, quien no había intervenido en el quilombo de monólogos - ya no supe, ¿la fiesta es para celebrar el cumple de tu mujer?
- ¡Ese es tu error, cabrón! - contestó Toño mientras giraba para quedar frente a Mateo. Entonces, dijo una de las mejores  frases que he escuchado - Crees que para festejar hay que justificarse, que la vida necesita justificaciones para celebrar, y LA VIDA ES GRATIS.  Entiéndelo; no tienes que esperar a que sea un cumpleaños, o navidad, o que tengas una nueva chamba para estar con tus amigos. ¿Qué pedo con eso de llenar la vida de pretextos para vivirla? Eso es de mediocres... es lo que nos han enseñado. Y no, de eso no se trata. La vida es gratis. Hoy nos juntamos por el gusto de hacerlo. La vida es gratis, y eso no va a cambiar.

Sí, las fiestas son como el table, están llenas de variedad.

J.